






Esta ermita cerrada al público se encuentra en la carretera de Enékuri a Santo Domingo, en Artxanda junto al Funicular.
Tiene una historia muy curiosa
¿Qué hace en Artxanda una réplica de la gruta de Lourdes?
A decir verdad, no es que se trate de un hecho inusual puesto que pueden encontrarse múltiples reproducciones, realizadas con mayor o menor fortuna, a lo largo y ancho del mundo. La historia me la relata una de las personas que más conoce sobre una de las épocas doradas del funicular, la segunda etapa del Funicular de Archanda I y que ocupara el cargo de Gerente del mismo D. Arturo Arruza Ingunza quien habitaba la vivienda que ocupaba la parte superior de la antigua estación del funicular.
Según éste, quien fuera el “alma mater” de la Sociedad, nuestro vecino Marcelino Ibáñez de Betolaza estaba muy interesado en visitar otros Casinos, en concreto el de Pau, ciudad que, curiosamente, también dispone de un pequeño funicular desde el año 1908. Para “engatusar” a su mujer, la devota confesa (nunca mejor dicho) Doña Corona de Arritola y Urquijo para que le acompañara en dicho viaje, le mencionó la idea de visitar a su vez el Santuario de Lourdes, localidad que, por cierto, también dispone de un funicular desde el año 1900 aunque alejado del Santuario, a diferencia de otros funiculares denominados de turismo religioso que lo que hacen precisamente es conectar mediante este servicio con el punto de peregrinación como sucede en Portugal con los elevadores de Bom Jesus (Braga) y Santa Luzia (Viana do Castelo), Montevergine en Italia, etc. etc.
Pues bien, según me relataba esta persona una vez concluida la visita a ambos lugares y de camino de regreso a Bilbao, el coche que llevaba a la pareja tuvo un aparatoso accidente con varias vueltas de campana incluidas, pero del que, afortunadamente, todos los ocupantes del vehículo resultados ilesos.
Este parece ser el origen de esta réplica construida a modo de agradecimiento en unos terrenos que “adquirió” a la Sociedad el mismo Marcelino Ibáñez y donde surgirían, en vida de éste, otras construcciones como el bungalow estilo inglés que se construyó junto a la estación superior del Funicular, la pequeña capilla junto a la gruta dedicada a la Virgen de Nuestra Señora de la Corona, en honor a su esposa de igual nombre, así como una pequeña vivienda que serviría de alojamiento para las personas encargadas de cuidar ambas construcciones religiosas. Tras la muerte de Marcelino un 23 de junio de 1945 su viuda erigió la Ermita dedicada al culto de San José en su memoria y que fuera inaugurada un 22 de junio de 1949.
Todas estas construcciones religiosas tuvieron diversos dueños hasta que llegaron a ser adquiridas por un conocido restaurante de la zona que pretendía celebrar uniones matrimoniales en la Ermita para, posteriormente, acompañarlos a su Restaurante para el ágape. No pudo conseguir dichas celebraciones por lo que lo único que sale de la Ermita actualmente, o al menos lo hacía hasta hace no mucho tiempo, no son parejas de recién casados/as sino las agradables notas musicales que proporcionan los ensayos de piano que realiza en la misma una de las moradoras de la mencionada vivienda que ha alojado el personal para el cuidado de la Gruta y la Ermita.
Ambas construcciones se encuentran actualmente cerradas al público lo que no es impedimento para que algunas personas se acerquen a contemplarlas, aunque tengan que hacerlo desde lejos, desde la carretera que vemos en la imagen de arriba. (Texto de Arturo Arruza Ingunza)
La gruta de Lourdes, próxima a la estación del Funicular. Se inauguró en 1926 gracias a la generosidad de Marcelino Ibáñez de Betolaza y Luco. La ermita está dedicada a Nuestra Señora de la Corona, se edificó en 1946 por el arquitecto Manuel María Smith e Ibarra (Bilbao, 1879-1956) según deseos de Doña Corona Arritola y Urquijo, viuda de Don Marcelino.


Reproducción de la gruta de la Virgen de Lourdes en el Monte Artxanda, 1950s. Construida por el empresario industrial Marcelino Ibáñez de Betolaza para su esposa Corona Arritola en 1926. Siendo una propiedad privada estaba abierta al público diariamente, mediante un amplio horario. Durante varias décadas en su altar se celebró la Eucaristía y se oficiaron bodas. A la izquierda aparece una pequeña construcción decorada con arcos apuntados en puerta y ventanas, era la sacristía donde se guardaban los elementos del culto. En el centro se dispuso propiamente la reproducción de la gruta de Lourdes mediante roca artificial, se situó el altar y sobre él, en una oquedad de la roca se colocó la imagen de la Virgen de Lourdes. A la derecha unos peldaños conducían a un pequeño púlpito decorado con una cruz donde el celebrante pronunciaba la homilía. Una verja metálica aislaba el altar del resto del espacio mientras no hubiera culto. Media docena de bancos de madera ordenados en dos filas acogían a los fieles. Con el paso de los años fallecieron los propietarios primitivos, la práctica religiosa decayó en la sociedad y la gruta, con un mantenimiento cada vez más reducido caminó hacia su decadencia. La Iglesia desacralizó la instalación perdiendo su función religiosa. A la izquierda la antigua sacristía mantiene su aspecto exterior pero se ha convertido es un almacén de útiles laborales. En el centro la forma de la roca artificial ha sido alterada adquiriendo una forma simple y plana que acentúa su falsedad como roca natural. La hornacina de la Virgen ha quedado semioculta por efecto del ramaje. A la derecha ha desaparecido el antiguo púlpito. La antigua verja metálica ha sido sustituida por una simple barandilla. Y de los bancos de madera donde se situaban los fieles no queda nada. Siendo una propiedad privada no está abierta al público visitante. (Texto de Bilbochimbo)










































































































