En 1945 comenzó la construcción de esta monumental Iglesia
en la esquina de las calles Maria Diaz de Haro y Licenciado Poza. El Templo, de
unos 1000m², podría albergar mas de 1.500 fieles, aproximadamente como la
Basílica de Begoña. En aquel año, Bilbao aún pertenecía a la Diócesis de
Vitoria, no será hasta 1949 cuando se promulgue la bula de erección de la
Diócesis de Bilbao, está claro pues, que el destino de este edificio era
convertirse en Catedral. Al estar la construcción todavía en marcha, se
constituyó en Catedral la Basílica de Santiago, y hasta hoy.
La obra fue vergonzosamente abandonada cuando solo restaban la cúpula del crucero y los acabados. Durante unos años esta colosal protoruina yació en su solar, hasta que la especulación inmobiliaria hizo su parte, la mole de la iglesia fue derribada para hacer paso a dos torres de apartamentos, con una testimonial Iglesia-garaje en el semisotano. (Texto del blog Misa Tridentina)
El proyecto, de 1946, correspondió a los arquitectos Luis Mª Gana Hoyos y a Francisco Hurtado de Saracho Epalza. Posteriormente, en 1965 se levantó un edificio anexo para dependencias parroquiales y viviendas curales de la mano del arquitecto Jesús Rafael Basterrechea Aguirre.
Imagen del blog de la parroquia
Como ya se ha mencionado, «la mole de la iglesia fue derribada para dar paso a dos torres de apartamentos, con una testimonial Iglesia-garaje en el semisotano «
La obra en su conjunto se debe a los arquitectos Eugenio Mª Aguinaga Azqueta y a Iñigo Eulate Soriano. El proyecto data de 1977
Si bien la iglesia entraría en la etiqueta de «templo en bajeras», la integración del mismo, llevada a cabo con éxito, con el conjunto de la obra, le salva de incluirla en ese capítulo.
A pesar de tener la entrada por la calle Licenciado Poza, el conjunto de los bloques están referenciados a la calle Mª Díaz de Haro 17.
Imagen de Ramón Díaz GuardaminoImagen de Ramón Díaz Guardamino
En 1929, Calixto Juan Emiliano Amann Amann presenta su proyecto que se concluye en 1931, fecha de la inauguración de la iglesia del Buen Pastor. Construida en la calle Zamácola, barrio de La Peña, por encargo de los jesuitas, se convirtió también, gracias a una generosa donación, en iglesia de Santa Teresita del Niño Jesús Es de estilo neobarroco
Durante muchos años era el edificio más destacado del barrio y foco de las actividades culturales y sociales en esos primeros años.
La iglesia de los Santos Juanes se encuentra en el Casco Viejo de Bilbao, en la calle de la Cruz. Fue fundada por los jesuitas en 1617 como iglesia para el colegio de San Andrés, que se encontraba fuera de las murallas de la villa, en un lugar que no formaba parte de las siete calles fundacionales de Bilbao. Fue edificado por Martín Ibáñez de Zalbidea,
También es conocida como la Tercera Parroquia
Como es habitual de las iglesias de los jesuitas, su planta
tiene forma de rectángulo, con capillas a ambos lados de la nave central.
El claustro y las dependencias del colegio albergan hoy el Euskal Museoa – Museo Vasco.
Descripción:
Se trata de un conjunto formado por el retablo mayor,
dedicado a San Juan Bautista, y ocho retablos laterales: cuatro en la nave del
evangelio (a la izquierda del espectador, mirando al altar) y cuatro en la nave
de la epístola (a la derecha del espectador, mirando al altar). En el lado del
evangelio se encuentran los retablos del Cristo de la Villa, de la Virgen del
Carmen, de San Luís Gonzaga y de San Rafael. En el lado de la epístola están
los de la Soledad, de San Juan Evangelista, de San José, y del Sagrado Corazón.
El distinto origen de los retablos hace que el estilo de las imágenes y los lienzos sea muy variado, aunque sí se percibe una cierta coherencia en el conjunto: todos fueron realizados entre 1683 y 1747 y están dentro del estilo barroco. Los más antiguos se caracterizan por un barroco muy decorado, que se suele llamar churrigueresco por ser los arquitectos de la familia Churriguera sus representantes más destacados.
Los realizados a partir de 1740, en cambio, tienen unas formas más suaves y refinadas y una decoración menos recargada: es lo que se conoce como rococó. (Texto de Retablos de Bizkaia)
Sus retablos han sido reconocidos por el Gobierno Vasco como monumento por su singularidad, interés y representatividad.
La Parroquia de los Santos Juanes es la sede canónica de la
cofradía de la Vera Cruz de Bilbao desde su fundación en 1.554. En sus inicios
se establecía en un templo que actuaba como capilla del hospital de Atxuri, en
el que la Vera Cruz realizaba funciones asistenciales hacia los necesitados.
Actualmente, la Parroquia, ocupa un precioso templo de estilo
barroco-clasicista que está enclavado en pleno corazón del casco histórico
bilbaíno y que en su origen fue construido por los Jesuitas como capilla del
colegio de San Andrés, transformado hoy en día en el Museo Vasco.
La historia de la parroquia comienza con una bula de Sixto IV
(1.471-1.484) que autoriza la construcción de un templo en el barrio de Ibeni,
o Atxuri, para destinarla a sepultura de los que morían en el hospital anexo,
en el que encontraban auxilio los enfermos y los peregrinos del camino de
Santiago, que cruzaban la villa de Bilbao en su tránsito hacia Compostela.
En 1.581 se asigna a la parroquia como coto territorial “lo
que es jurisdicción de la villa, fuera de los muros, hacia el monasterio de la
Encarnación o Zabalbide, con más la calle de Cal, Somera y Artecalle, de puerta
a puerta».
Poco sabemos del viejo templo de los Santos Juanes. Debió ser
muy modesto, los antiguos grabados apenas definen su estilo. Sabemos que tenía
una sola nave y su exterior era de un gótico más sobrio que el cercano templo
de San Antón. En la cabecera de la nave se hallaba el presbiterio. al que se
accedía por diversas gradas, en él estaba el altar mayor de San Juan Bautista.
A ambos lados estaban el altar del Santísimo Cristo de la Villa de Bilbao, al
lado del evangelio, y el de Nuestra Señora de la Soledad al lado de la
epístola. En el centro de la nave había dos capillas, la de Santa Isabel y la
de San Juan Evangelista. Diversas sepulturas se hallaban alineadas a lo largo
de los muros, lo mismo que bajo las losas de la nave central.
El templo se encontraba en la vega de Atxuri y fue asolado en
innumerables ocasiones por las aguas del Ibaizabal, en sus crecidas esporádicas.
A pesar de las sucesivas restauraciones, el antiguo templo de los Santos
Juanes, se encontraba en un estado ruinoso, así que en 1.770 se procede a
trasladar el culto parroquial al templo que los Jesuitas tenían en la calle La
Cruz, y que había quedado en manos del ayuntamiento tras la expulsión de la
compañía de los territorios hispánicos, en 1.767.
En 1.797 todavía se habla de la “torre de la iglesia
profanada” de los Santos Juanes, convertida en esa fecha en almacén. A
principios del S. XIX fue demolida y en su lugar se construyó el nuevo hospital
Civil de Atxuri, hoy reconvertido en instituto de formación profesional
En 1.522, visitó Bilbao el segundo prepósito general de la
compañía, San Francisco de Borja. Predicó diversos sermones en la Iglesia de
Santiago y se alojó en el hospital de peregrinos y enfermos de Atxuri, allí
como era su costumbre, los cuidó y consoló en sus dolencias acompañado por los
cofrades de la Vera Cruz que ejercían allí sus labores asistenciales. Numerosas
personas clamaban porque se detuviera a fundar Colegio de la compañía, cosa muy
debatida en el Concejo de la Villa.
En 1.600 muere D. Domingo de la Gorgolla, dejando en su
testamento una renta de 1.500 Ducados de oro para colegio de los Jesuitas en
Bilbao. El 13 de noviembre de 1.604 llegan a la villa cuatro padres y dos
hermanos de la compañía, poco después se comienza la construcción del colegio y
de la iglesia de San Andrés, hoy Museo Vasco y Parroquia de los Santos juanes
respectivamente. Diez años después las obras estaban en su fase final.
La labor desarrollada en el colegio de San Andrés fue muy
importante, el culto llegó a su máximo esplendor con motivo del nombramiento de
San Ignacio como Patrono de Bizkaia en 1.680, entonces este templo acaparó la
atención de todo el Señorío. Otro hecho importante daría gran impulso a la vida
religiosa de este templo, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Fue
promovida por el P. Agustín de Cardaveraz, hacia 1.732 su trabajo en pro de la
devoción hacia el corazón de Cristo fructificó en la Villa, de esa época es el
altar del Sagrado Corazón de Jesús que se conserva en la parroquia, un altar en
el que aparece únicamente un corazón, de estilo rococó. En Abril de 1.768 se
cerraban las puertas de la iglesia de San Andrés, Carlos III de Borbón
expulsaba de sus territorios a los jesuitas «por el bien y
seguridad».
Poco tiempo permanecería cerrado este templo. El 24 de diciembre de 1.770 se realizó el traslado del Santísimo desde el antiguo templo de los Santos Juanes de Atxuri al que ocupa actualmente. Junto a la parroquia se trasladó también la cofradía de la Vera Cruz para establecer su sede en el nuevo templo. El 7 de febrero de 1.771 se exhumaron los restos de los sepultados en los Santos Juanes de Atxuri y puestos en ataúdes fueron llevados a la nueva parroquia (Textos de la Cofradía de la Vera Cruz)
la Parroquia de los Santos Juanes que se ubica en lo que fue
el colegio de San Andrés de la Compañía de Jesús. La iglesia de los Santos
Juanes estaba situada, en un principio, en la zona del portal de Ibeni, allá
donde se iniciaba el, hoy, barrio de Atxuri, justo en la plaza a la que da
frente el antiguo Hospital Civil.
Era, esta, una de las cuatro parroquias clásicas de la Villa
cuya advocación respondía a su dedicación a Juan el Bautista y a Juan el Evangelista
sobre la cual ejercían su patronazgo.
En 1771 y dada la vejez y estado de la construcción, fue
derribada la fábrica, en tanto que la comunidad de fíeles se trasladó a la
iglesia anexa al Colegio de San Andrés, ya citado.
Los escasos datos que figuran en los grabados de aquellos tiempos
nos muestran la iglesia de los Santos Juanes ubicada en la trasera de la zona
de la calle Ronda y de las Casas Consistoriales.
Se representa como un cierto volumen regular. En todo caso y de acuerdo con algunas deducciones que, al respecto, hace Manuel Basas, en relación con determinados textos, se podría definir al viejo edificio como: ”…de planta basilical y sin capillas propiamente dichas…» y «…de una construcción de sólidos y gruesos muros, propios de un templo bajo-medieval de contrafuertes y cerrada contextura…»
Trasladada la comunidad eclesial al templo anexo al Colegio
de San Andrés de la Compañía de Jesús, podemos decir que, la que fuera tercera
parroquia de la Villa, pasó de un Portal a otro, de un arrabal ribereño a un
arrabal vinculado a la salida hacia las áreas agrícolas y rurales de Bizkaia.
En ambos casos fue un hito urbano de las respectivas zonas:
en Atxuri contribuyendo a la formación de la plaza que luego llevaría su nombre
y en el Portal de Zamudio integrada en parte del interesante espacio urbano
configurado por las propiedades de los Jesuitas.
Lo evidente es que el sino de la iglesia de los Santos
Juanes fue el de permanecer extramuros de la Villa, como testigo de la
constante extensión de esta hacia sus anabales y zonas contiguas.
Ocupó, pues, el citado templo que había sido del Colegio de San Andrés de la Compañía de Jesús, sin uso desde que se decretó, en 1767 (reinando Carlos III) la expulsión de los Jesuitas del País. Desde entonces el edificio preexistente, alrededor del cual se había configurado uno de los emplazamientos más modernos y comerciales de la Villa en aquel momento, se convirtió en la sede de una de las divisiones eclesiásticas del Municipio.
El conjunto edificatorio del Colegio de San Andrés surgió
como fruto de un legado hecho a la Compañía de Jesús, allá en los comienzos del
siglo XVII por Domingo de la Gorgolla Gatarda que fue mayordomo del Cardenal Arzobispo
de Toledo don Gaspar de Quiroga.
Había nacido, don Domingo, en Bilbao allá por 1576 y murió en
1651. Su legado creó malestar en la Villa y, especialmente, en los clérigos del
lugar que no vieron con buenos ojos la presencia de los Jesuitas en la
población. Hubo pleitos y tumultos que, de cualquier manera, no llegaron a
frenar el asentamiento de la Orden ni la construcción proyectada, cuyo resultado
final fue el interesante monumento arquitectónico que hoy conocemos.
Indudablemente, el Colegio y el Templo propiciaron, desde su
fundación, la formalización de un ámbito urbano de una calidad notable que dio
sentido y estructura a la nueva área de la Villa que, a su sombra, fue
surgiendo.
Con la expulsión de los Jesuitas de 1767, a que antes hemos
aludido, el Colegio pasó a acoger la Casa de Misericordia, en tanto que la comunidad
de fieles de Atxuri se trasladó a la Iglesia. Hoy permanece este carácter
parroquial del templo, en tanto que lo que fue Colegio da cabida al Museo
Etnográfico de Bilbao.
La construcción de la iglesia que hoy alberga el culto a tos
Santos Juanes se prolongó a lo largo de decenios durante el siglo XVII. De hecho
y desde el inicio de las obras de la fachada, que tuvo lugar en 1624, la
duración del proceso de construcción alcanzó a 1675, es decir medio siglo
aproximadamente.
Este solo dato avala, suficientemente, las dudas que se
ponen de manifiesto si se pretende vincular a Martín Ybáñez de Zalbidea al proyecto
y construcción del Colegio e Iglesia. Así se manifiesta, por ejemplo, Manuel
Basas, en tanto que otros autores lo atribuyen, claramente, a este Arquitecto y
otros se decantan por el desconocimiento de la autoría de tan singular obra
arquitectónica.
Martín Ybáiez de Zalbidea, fue un reconocido profesional del
siglo XVII del que no cabe duda que, al menos, preparó planos relativos a
permutas de terrenos del Colegio. También realizó estudios para diversas
edificaciones en el Casco Viejo. Es autor, así mismo, de la traza del coro de
la iglesia de Begoña (1621) y se conocen, de él, diferentes participaciones en
el proyecto y construcción de distintas obras en Bizkaia durante los dos
primeros decenios del siglo XVII (Orduña, Balmaseda, Arcentales, Larrabetzu, Meñaka,
Aulesti).
Los datos aportados por Basas, su extraordinaria cualificación técnica y este periodo fundamental de su actividad, dan pie a la suposición de que, el proyecto y primeras fases de construcción del conjunto, pueden muy bien*- y hasta con una cierta lógica- atribuirse a Martin Ybanez de Zalbidea y Cafranga.
La Iglesia de los Santos
Juanes actual es una excelente construcción cuya adscripción estilística es susceptible
de vincularse a un cierto barroco herreriano. Heredera de los modelos jesuíticos
extendidos por Europa se cita, por diferentes autores, como referente formal de
la misma a la Iglesia de «II Gesu» de Roma.
Organizada según la tipología
basilical, se estructura en tres naves, las dos extremas más bajas.
Forma, en planta, una cruz latina que se cubre por una cúpula rebajada en su crucero. Sobre las naves laterales se disponen las galerías a modo de «coretti» según el prototipo romano adoptado por la Compañía de Jesús. La nave central se remata con una bóveda de canon que forma lunetos para proporcionar luz al espacio interior. La fachada, por su parte, constituye una sinopsis de gestos barrocos que abarcan desde modos casi renacentistas a la poderosa sobriedad de Juan de Herrera y al manifiesto dictado «palladiano» del frontón y de las semicolumnas que configuran el pórtico de acceso.
El estupendo conjunto de la Parroquia y el Museo Etnográfico, instalados en el antiguo Colegio de San Andrés, constituyen, pues, en el Bilbao del Siglo XXI, un excelente testimonio de una vieja obra singular que identifica un espacio y un tiempo inseparables, ya, del patrimonio artístico de nuestra Villa. (Texto de Elías Más en el periódico Bilbao)
Fue en 1925 cuando de construyó este templo que inicialmente era la capilla del Asilo de Mena
Obra del arquitecto Ignacio Mª Smith Ibarra, la iglesia es de estilo ecléctico con notas regionalistas e historicistas. También presenta influencias de la arquitectura nórdica o pirenaica, como se aprecia en la fuerte pendiente de sus tejados. En el vértice de la torre se sitúa la imagen del arcángel San Rafael. Su interior sencillo está iluminado por vidrieras que disponen diversos temas de la simbología cristiana, entre ellos el del Sagrado Corazón.
Pertenecía a la Fundación Vizcaína de Caridad Residencia Conde de Aresti que cedió en 1956 el uso de este templo al Obispado de Bilbao. Desde entonces, ha funcionado con plena normalidad y servido de culto religioso como parroquia, tanto para los internos de la residencia como para los feligreses del barrio de Zabala
En el año 2024, la Diócesis decide revertir la propiedad a la Fundación Vizcaína de Caridad Residencia Conde de Aresti y cesar su actividad como parroquia debido a la falta de sacerdotes para atenderla. No queda claro el destino que se dará a la misma.
La actual iglesia comenzó a construirse a mediados del siglo XVI, aunque la Anteiglesia de Abando tuvo un templo anterior.
Los trabajos se realizaron en sillería y mampuesto en su totalidad. La iglesia está divida en tres naves de cinco tramos cada una y separadas por columnas de estilo clásico (con capiteles dóricos). La cubierta es una bóveda de crucería al estilo gótico.
Se puede acceder al interior a través de dos portadas. La primera de ellas es gótica, con arquivoltas y jambas apuntadas. La segunda, la fachada principal, contiene un arco rebajado y poco decorado como soporte de una moderna espadaña de 1894. En ella encontraremos la imagen de San Vicente Mártir en una hornacina.
Este templo cuenta con cinco retablos de madera dorada, todos ellos con esculturas de gran calidad.
La Iglesia de San Vicente es un ejemplo de la arquitectura de estilo gótico vasco del siglo XVI, conocido también como “segundo gótico”. Esta iglesia probablemente se edificó sobre una ermita del siglo IX. Su fachada es renacentista y en su interior está enterrado el escritor y cronista de la Villa Antonio Trueba. Precisamente una estatua dedicada a Trueba preside los Jardines de Albia, y los últimos versos del escritor se pueden leer en la lápida de la Iglesia: “Dicen que el cisne cuando muere canta, y hoy tanto de mortal mi dolor tiene que es acaso la del cisne mi garganta”.
Un recorrido detallado:
La rica anteiglesia de Abando debió poseer un templo medieval que, incapaz de contener las sepulturas de los parroquianos, dejó paso al monumental edificio actual, en el que se empezó a trabajar a mediados del siglo XVI.
Se trata de una verdadera joya de la arquitectura religiosa renacentista. El templo de San Vicente Mártir es uno de los mejores ejemplos de iglesia columnaria del País Vasco. Construido fundamentalmente en sillería y mampuesto, el templo ocupa el entorno más noble de la antigua anteiglesia, presidiendo un espacio arbolado que hoy recuerdan los jardines de Albia. Se trata de un espacio verde que la parroquia exigió que se conservara tras la absorción de Abando por parte de Bilbao en 1890.
Es un templo de una planta noble y grande, compuesta por tres naves de cinco tramos, todos a la misma altura, definidos por altas columnas de piedra caliza y de sección redonda dotadas de capiteles clásicos, dóricos. Sobre ellas descansa la cubrición, arcos generatrices y nervaduras de la bóveda, toda ella uniforme y a la manera gótica, es decir de cuatro puntas con enriquecimiento de nervios en torno al polo, con nueve claves en total.
En su género de iglesia columnaria -caracterizada por una amplitud despejada, sin segregaciones, con bóvedas a igual altura apoyadas en columnas clásicas- San Vicente es ejemplar purísimo pues ni siquiera manifiesta espacio autónomo para la capilla mayor. La luz natural es insuficiente debido al pequeño tamaño de las ventanas, abiertas en parejas en la zona de la cabecera.
Hay un tríptico del Bautismo de Jesús pintado por Iñaki García-Ergüin. Antiguamente se encontraba en este lugar la pila bautismal. Así nos lo recuerda también la pequeña vidriera que da a la fachada principal.
La primera capilla, donde podrás observar la pila bautismal acompañada por un relieve en bronce de Ricardo Iñurria. Sobre ella, una gran pintura también de Iñaki García-Ergüin representa la Última Cena de Jesús y preside con gran solemnidad el “monumento” todos los Jueves Santo.
El retablo de la Virgen Milagrosa escoltada por las tallas de San Ignacio y San Francisco Javier y junto a él, la Capilla del Carmen o Villarias, de planta cuadrada y con bóveda de arista. En su interior, destaca el altar dedicado a Nuestra Señora del Carmen y las tallas del Padre Jesús de Pasión y Nuestra Señora de Ramos y del Rosario, ambas del imaginero Luis Álvarez Duarte, que procesionan en la semana santa bilbaina portados por cofrades de la Cofradía de la Pasión, cuya sede está en esta misma parroquia.
En la parte más avanzada puedes contemplar tres retablos de madera dorada. El retablo mayor es de estilo neoclásico-isabelino y fue diseñado por el arquitecto Juan Blas de Hormaeche en 1860, y está compuesto por una imagen barroca de la Inmaculada Concepción y la del titular de la parroquia, San Vicente Mártir, coetánea a la estructura y de gran corrección en la forma, llevando la dalmática de diácono y portando la palma que simboliza su condición de mártir. A la izquierda, en el lado del Evangelio, puedes contemplar el retablo presidido por el Sagrado Corazón, San Antonio, San Ramón Nonato y San Expedito en la altura. Del mismo modo, a su derecha, en el lado de la Epístola no faltan esculturas de calidad como las de San Alfonso María Ligorio y San Gerardo, obra de Higinio Basterra, o el San José dispuesto en la cabecera, con un relieve de la Santísima Trinidad en su parte más alta. Los retablos que acompañan al retablo mayor a izquierda y derecha fueron proyectados por Ricardo Bastida.
La gran sacristía. Entra por la puerta pequeña lateral a la derecha del retablo mayor. Posee dos pinturas barrocas de hacia 1780, un interesante Crucifijo, una talla antigua de San Vicente y un artístico mobiliario de uso práctico, como las cajoneras, un aguamanil o lavatorio de útiles eucarísticos, fechado en 1914, así como un singular cuadro de horas y oficios, ya fuera de uso, destinado a los distintos sacerdotes que tuvo la iglesia.
Al salir de la sacristía, encuentras otra capilla, la del Buen Suceso o de los Zumelzu. De planta cuadrada y coronada por una cúpula rebajada. En ella pueden contemplarse una imagen de la Virgen Dolorosa, talla de vestir, y un Cristo yacente en urna, obras del imaginero Quintín de Torre.
A su salida, puedes contemplar el retablo de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en un bello icono junto a la imagen de San Roque con su lebrel y la calabaza de caminante, protagonista de epidemias y pestes, que recuerda lo sucedido en otros tiempos en la Villa de Bilbao y la de San Isidro labrador, cuya cofradía agrupó a los muchos labradores que había en esta anteiglesia en tiempos pasados.
En la nave lateral derecha encuentras uno de los dos accesos al templo. Es el de aspecto más antiguo. De tipología gótica tardía, con jambas y arquivoltas molduradas y apuntadas, y está orientado a mediodía, a un pasillo respetado por los edificios parroquiales que sitian el templo. Este pórtico está coronado en su tímpano por una pequeña virgen de madera policromada.
Saliendo por la puerta contraria a la que has entrado, destaca un excelente Cristo del escultor Julio Beobide. La pequeña vidriera representa la expulsión de los mercaderes del Templo por parte de Jesús. Junto a está reposan los restos del insigne escritor Antonio de Trueba bajo el relieve de un cisne, protagonista de uno de sus poemas.
Abandona el templo para poder contemplar el acceso principal, el cual se ubica a los pies y forma parte de la fachada orientada al atardecer, realizada a partir de 1556. Una gran hornacina entre dos machones que sirven de soporte a la moderna torre espadaña acoge un sencillo ingreso en arco rebajado, apenas decorado con unos elementos figurados fantásticos. Encima lleva un encasamiento para una imagen de piedra de San Vicente Mártir y sobre su eje se diseña una ventana adintelada. La espadaña data de 1894 y su diseño es de José María Basterra. Fue construida por el ayuntamiento de Bilbao, tras la cesión de unos terrenos y está realizada con la piedra del antiguo edificio consistorial. Textos e imágenes de Iglesias de Bizkaia)
Muchos de los territorios que hoy forman el Término Municipal de Bilbao fueron incluidos en la delimitación jurisdiccional que se dio a la Villa en la Carta Puebla otorgada por D. Diego López de Haro.
Subsistieron, no obstante, estos territorios, ajenos a la administración de Bilbao y constituidos en anteiglesias hasta el proceso de anexiones que, iniciado en la segunda mitad del siglo XIX, finalizó en los primeros decenios del siglo XX.
La Anteiglesia de Abando, cuyo voto y asiento era el 34 de las Juntas Generales de Gernika, limitaba con las de Barakaldo y Deusto, con Begoña y Arrigorriaga y con la villa de Bilbao.
A comienzos del siglo XIX contaba con 2.241 personas y era, por aquel entonces, la más numerosa, en población, de las 84 anteiglesias del Señorío.
Sin embargo, su excelente situación en relación a Bilbao y la buena disposición topográfica de sus planicies hicieron que, en ella, se concretaran las primeras extensiones urbanas de Bilbao.
La primera anexión parcial de la Anteiglesia tuvo lugar por R.O. de 22 de Enero de 1870 y se concretó con la toma de posesión en acto celebrado el 2 de Abril del mismo año. La finalidad de dicha anexión no fue otra que la de materializar el Ensanche de la Villa. Más adelante y ya en Abril de 1890, se concluyó la definitiva anexión del resto del término municipal. Acto que fue comunicado al Ayuntamiento de Bilbao el 5 de Mayo del mismo año.
La solemne ceremonia de toma de posesión tuvo lugar el 1 de Julio de 1890, es decir hace justo ciento once años en relación a la fecha en que le corresponde ver la luz pública a esta breve crónica que deseamos sirva de recuerdo y homenaje a tan trascendental paso en la historia de la Anteiglesia y la Villla.
Por este hecho, pues, San Vicente Mártir, ha pasado a ser iglesia y parroquia bilbaína, si bien fue, lógicamente, en los momentos de su construcción, el referente espiritual de lo que era el municipio de Abando.
El primer antecedente del Templo de San Vicente Mártir se halla en la iglesia fundada en 1190 por Garci Galindez, descendiente del primer Conde de Ayala, don Vela, y por su mujer doña Alberta Sánchez, en descripción que se relata en las “Crónicas de Vizcaya” de Yturriza.
Sobre el solar en que se edificó esta iglesia bajo-medieval de estilo gótico, se levantó, con posterioridad, la notable fábrica que hoy conocemos con carácter de parroquia.
Formaba parte la iglesia de la zona más característica de Abando que, por cierto, era un municipio de población bastante dispersa agrupada, en su momento, en diferentes barriadas: Bilbao la Vieja, Ibarra, Mena-Urizar-Larrasquitu, Elexabarri, Olabeaga, Zorroza e Ibaizábal, tal como consta en el citado texto de 1793 formado por Juan Ramón de Yturriza y Zabala.
Se emplaza la iglesia en lo que antes fue Campa de Abando, de la que mantienen un cierto testimonio los actuales Jardines de Albia.
Al lado de la Iglesia se ubicaba el camposanto y, ya en el siglo XDC y en proximidad de la misma, unos importantes astilleros que, completados con otros tantos en Zorroza y Olabeaga, daban testimonio de una significativa vocación industrial del viejo municipio.
En las inmediaciones de la campa de Abando o de Albia se situaron, por otra parte, las primeras edificaciones anteriores al Ensanche de la Villa que daban fe tanto del empuje de la misma como de la significación de la zona de Albia, en la Anteiglesia.
En esta área, además, se ubicó la estación de ferrocarril en la mitad del siglo XIX.
Así pues, el templo de San Vicente Mártir, ocupa, históricamente, una posición privilegiada en la estructura territorial y urbana de lo que es el Bilbao de hoy en día.
Iniciada, pues, la fábrica del templo actual mediado el siglo XVI, su obra se inscribe, según distintos autores, en el terreno del tardío segundo gótico vizcaino o en la transición del renacimiento al barroco.
Es, desde luego, una Iglesia que ha sido construida, como tantas otras, a lo largo de los años.
Conserva una puerta lateral gótica, que algún autor vincula al primitivo templo, anterior al que conocemos. Tipológicamente responde al modelo vizcaino, característico de iglesia-salón, de tres naves de idéntica o parecida altura, cuyos soportes -en este caso- responden a importantes columnas de traza clásica que interpretan un cierto orden toscano y que se cubren con bóvedas de crucería tardo-góticas. Su fachada principal se resuelve, como en tantas otras iglesias vizcaínas y bilbaínas, con un pórtico en nicho de gran altura formado por los correspondientes contrafuertes que soportan el remate en arco de medio punto que cierra dicho pórtico.
La edificación iniciada en el siglo XVI, se fue desarrollando a lo largo de los años, correspondiendo la realización del pórtico (1556) a la dirección del maestro Juan de la Peña. En el siglo XVII prosiguió la marcha de los trabajos y, en 1650, hallamos a Martín Ibáñez de Zalbidea obrando el techado del templo.
La espadaña, por fin, se ejecutó en 1894 según proyecto de José María Basterra. La iglesia ha sido restaurada recientemente por el arquitecto Joseba Rementería que ha participado, también, en los trabajos de restauración del templo-basílica de Santiago.
Más adelante se concluirán el retablo, que fue diseñado por el arquitecto Francisco de Orueta (se conserva un hermoso plano en color de este proyecto) y en cuyas esculturas y tallas participaría Bernabé de Garamendi (1864).
Importante mobiliario y esculturas debidos a autores como Ricardo Bastida, Higinio Basterrao Julio Beobide completan el legado patrimonial de esta singular iglesia bilbaína.
San Vicente Mártir de Abando es, además de un hito monumental, un testigo mudo de buena parte de la historia local. Junto al primer templo discurrieron refriegas de los banderizos en el siglo XV, más tarde, en las carlistadas, fue lugar de emplazamiento de baterías (1848) y en clave militar y, más adelante, vio crecer en su entorno el brillante Bilbao del Ensanche del que, incorporado al mismo, es hoy un modelo arquitectónico en el que se concitan permanencias urbanas y constructivas y actualidad espiritual viva. (Texto de Elías Mas en el periódico Bilbao)
El día 4 de marzo de 1963 se colocó la primera piedra de este templo, que fue traída desde el Castillo de Javier por D. Fermín Alonso, presidente del Hogar Navarro en esa época.
La ceremonia fue oficiada por el Obispo de Bilbao, D. Pablo Gúrpide y por el párroco D. Manuel Rámila. Asistieron autoridades de la época (gobernador militar, vicepresidente de la Diputación, representantes del Ayuntamiento, del Gobierno Civil, y de la Jefatura Superior de Policía).
El arquitecto autor del proyecto fue D.Pedro Ispizua Uríbarri, también presente en la ceremonia.
Bajo la primera piedra, se depositó un cartucho con un ejemplar de la prensa del día (La Hoja del Lunes), un lote de monedas de la época, dos medallas (una de S. Francisco Javier y otra de la Virgen de Begoña), un folleto denominado “Xavier” del mes de febrero de 1963, un díptico del Seminario Diocesano y un pequeño pergamino firmado por D. Pablo Gúrpide y diez personas más (D. Pedro Ispizua y D. Manuel Rámila entre otros)
El 18 de marzo de 1965 se inauguró el nuevo templo. La obra costó once millones de pesetas.
Este año 2015, hemos celebrado las bodas de oro, realizando el sueño de nuestro anterior párroco, D. Juan María Bautista, de renovar y embellecer la fachada. Hemos contado con la colaboración de Gonzalo Ispizua, hijo del arquitecto autor del proyecto original.
Este templo, aúna en su concepción un edificio con los servicios de la parroquia y una planta baja ocupara por el templo propiamente dicho.
Alberga destacadas obras de arte como son dos esculturas de Joaquin Lucarini: San Francisco Javier y María
San Francisco JavierMaría, Madre de la Iglesia
Asimismo presenta en la fachada un San Marcos de Vicente Larrea, de 1963, que forma parte de un proyecto inacabado de los cuatro evangelistas que iban a decorar la fachada exterior
San Marcos
Previamente a su construcción la Parroquia estuvo instalada en una lonja
El nuevo templo, de estilo contemporáneo que existe actualmente, fue obra del arquitecto bilbaíno Francisco Javier Ortega Uribe-Echebarría, y fue inaugurado el 16 de noviembre de 1968.
El actual templo es un edificio de aire moderno, amplio y funcional, formado por dos bloques en forma de L, que cuentan con diversas dependencias parroquiales y la iglesia propiamente dicha, de forma piramidal y rematada por una gran cruz. En su planimetría se vislumbra la influencia de diversos estilos arquitectónicos, como el expresionismo y el brutalismo, y pese a su simplicidad volumétrica su contorno de moderno diseño se torna en estructura de simbolismo urbano.
El 21 de noviembre de 1907 los hermanos Allende-Plágaro donan al Obispo de Vitoria un solar en el barrio de Indautxu para levantar una capilla episcopal o un templo anejo a la Parroquia de San Francisco de Asís.
En marzo de 1911 el Obispo de Vitoria Mons. Cadena y Eleta inaugura una capilla episcopal dedicada a la Virgen del Carmen y construida a expensas del Obispado de Vitoria. Es obra del arquitecto Leonardo Rucabado y tiene una sola nave con galerías cubiertas y bóveda de crucería combinando los estilos gótico y románico. Rodea el templo un parque cerrado con verjas.
El 16 de febrero de 1934 el Obispo de Vitoria Mons. Mateo Múgica crea la nueva Parroquia de Nuestra Señora del Carmen de Indautxu en territorio desmembrado de las parroquias de san Francisco de Asís y san Vicente Mártir de Abando, así la capilla queda convertida en templo parroquial .
Obra de Sancho Martínez de Arego, construida sobre el lugar donde se apareció la Virgen a principios del siglo XVI.
Cuenta la leyenda, que la ermita original se levantó en el lugar donde fue encontrada la talla de la Virgen pero que cuando más tarde quisieron buscar otro lugar mejor para construir una iglesia para venerarla, la imagen de la Virgen se arraigó al suelo y pronunció las palabras en euskera «Bego oña! (¡Quieto el pie!), por lo que tuvieron que construir el nuevo templo sobre la minúscula ermita original
Es de estilo gótico tardío, aunque mezcla varios estilos. La Basílica es un lugar de visita obligada para muchos bilbaínos y muchas bilbaínas, que se acercan diariamente a su santuario para venerar a la Virgen de Begoña, patrona de Bizkaia, conocida popularmente como la “Amatxu”.
La devoción marinera también es muy grande. No en vano,
desde el S. XVI son numerosos los barcos de matrícula bilbaína que han
ostentado el nombre de “Virgen de Begoña” o “Begoña” simplemente. A esto se
añade la costumbre de las gentes de la mar de saludar al Santuario con una
salve (oración a la Virgen) al divisarlo por primera vez remontando la Ría.
La “Amatxu” de Begoña, como se la conoce popularmente, recibe un sentido homenaje por parte de bilbaínos y bilbaínas, vizcaínos y vizcaínas tanto el 15 de agosto como el 11 de octubre, día de la Virgen de Begoña. Hasta la Basílica que lleva su nombre, uno de los grandes símbolos de la ciudad, se acercan miles de peregrinos procedentes de todo el Territorio Histórico, que caminan durante la noche para asistir a una de las misas en honor de la patrona de Bilbao y de Bizkaia. (texto de BilbaoTurismo)
Las obras de construcción del presente santuario comenzaron en la primera década del siglo XVI, bajo traza de Sancho Martínez de Asego, la torre será diseñada por Martín de Garita. Consta de una amplia nave central con ábside poligonal y dos naves laterales levemente más bajas cubiertas con bóveda de crucería dentro del siglo XVII, sobre diez robustos pilares cilíndricos. A lo largo del siglo que duraron las obras, varió algo el rumbo unitario del estilo gótico, ya que, a mediados del siglo XVI, la portada principal se formula como un magnífico arco de triunfo manierista, que recuerda mucho a las obras castellanas de Rodrigo Gil de Hontañón. Lo demás guarda el estilo unitario gótico referido, aunque el Coro deja ver el talante clasicista de su tracista.
Las obras se costearon gracias a las limosnas de los fieles,
en su mayor parte vecinos de la Villa de Bilbao (en aquel tiempo independiente
de la anteiglesia de Begoña). Testimonio de esto son los escudetes que coronan
los pilares de la nave central, que contienen no las armas de familias
nobiliarias, sino los emblemas de mercaderes y gremios de la Villa.
La imagen de la Virgen no se pudo trasladar a su nueva iglesia hasta diciembre de 1603, cuando fue instala en un modesto altar. En 1640 se contrata al arquitecto y escultor Pedro de la Torre la realización de un retablo que sustituyera a aquel, tan humilde, que pinta Mendieta. La ejecución de este retablo se deberá finalmente a Antonio de Alloytiz, escultor forutarra.
Begoña fue golpeada por la guerra el 5 de agosto de 1808,
cuando las tropas napoleónicas, comandadas por el general Merlin, saquearon la
Villa y el santuario, asesinando al párroco del mismo. Durante las últimas
fases de la guerra, Begoña cobra una gran relevancia estratégica debido a su
posición de dominio sobre la Villa. Este hecho provocará grandes destrozos en
el edificio. Debido a esta ventaja estratégica, Begoña será elegida por
Zumalacárregui para instalar una batería artillera durante el sitio de Bilbao,
lo cual la convirtió en objetivo preferente de las tropas situadas en la
iglesia. Pese a haberse mantenido casi indemne hasta la retirada de los
carlistas, en 1835 las tropas liberales, para evitar su uso por el enemigo,
procedieron a minar el campanario, desplomándose este sobre parte de las
bóvedas, destruyéndolas. Un año después las tropas carlistas volvieron a
intentar conquistar Bilbao, pero en esta ocasión fueron las tropas liberales
las que ocuparon Begoña, transformándolo en fortín. La soldadesca quemó como
combustible todo lo que quedaba en la iglesia, altares, retablos, armarios…
incluso el entarimado del templo fue consumido por sus hogueras. La imagen de
la virgen fue salvada gracias a que sus devotos tuvieron la precaución de
trasladarla a la Iglesia de Santiago (hoy Catedral) de la Villa. El inventario
ordenado por el gobierno en 1838 indica, aludiendo al estado de ruina del
templo, que “ni aun tiene lo absolutamente preciso”.
Reconstrucción: Las obras de reparación del templo fueron costeadas por el ayuntamiento de la anteiglesia, ya que el cabildo de Begoña se encontraba en bancarrota tras la guerra, y el 1 de agosto de 1841 la imagen fue devuelta a su santuario. Las obras de la nueva torre acabaron en 1850, aunque en 1862 un rayo derribaría su parte superior, tras lo cual se instaló el primer pararrayos de su historia. De esta época data el presente retablo, obra neobarroca de Modesto Echániz, en 1869.
Segunda guerra carlista: En 1873 la guerra vuelve a Begoña, transformando de nuevo el santuario en fortaleza, primero por los carlistas, que, al ser expulsados se llevarán consigo la imagen. Tras la ocupación de la basílica por los liberales esta sufre un bombardeo continuo y varios intentos de incendio, de nuevo, desplomándose la torre sobre la bóveda de la nave.
Segunda reconstrucción e Intervenciones contemporáneas: En 1876 se vuelven a iniciar las obras de restauración, que culminaron con la finalización, por tercera vez, de la torre en 1881. La nueva torre tendrá corta vida, ya que, en 1900, tras la coronación canónica de la imagen de la Virgen, comenzó la demolición de la misma. El 27 de marzo de 1908, Roma otorgó al templo el rango de basílica menor. En 1928 la iglesia fue consagrada de nuevo, luciendo ya la nueva torre, obra del arquitecto José María Basterra. Durante los años posteriores a la reforma litúrgica, se procedió a la eliminación del gran templete-expositor que se encontraba a los pies de la virgen, así como de las estatuas de los apóstoles que jalonaban los pilares de la nave. En 1993 se acometen obras de limpieza de la piedra y reparación del reloj y carrillón de la torre. (Texto de la Wikipedia)
La estructura actual es de estilo gótico con 3 naves
divididas en 6 tramos. Al ser un edificio de gran robustez arquitectónica la
luz natural es insuficiente debido al tamaño reducido de sus ventanales, pero
éstos tienen unas interesantes y coloridas vidrieras dedicadas a diferentes
santos, entre ellos, los Evangelistas, San Pedro y San Pablo al comienzo de las
naves laterales.
En el muro izquierdo hay un gran lienzo de la “Coronación
Canónica de Nuestra Señora de Begoña”, acto que tuvo lugar en el año 1900, en
el que se puede ver el hábito y demás vestimentas litúrgicas utilizadas para
tan relevante celebración. Continuando por la pared izquierda, se pueden ver
las 5 primeras obras pertenecientes a la escuela de Murillo procedentes de
Sevilla que llegaron a Bizkaia a principios del siglo XVII. Se trata de un
ciclo pictórico dedicado a San José. Son el Sueño de José “Matanza de los
inocentes”, Epifanía de Nuestro Señor, Adoración de los pastores, Sueño de José
“Concepción de María” y Natividad de María. Llegando a la cabecera, puedes
contemplar el Sagrario, obra tardogótica de estilo hispano-flamenco de
comienzos del siglo XVI realizada en piedra con portezuela de medio punto de
forja procedente de la parroquia de Nabarniz.
El altar mayor, pieza única de mármol de Carrara parcialmente
policromada y con el anagrama coronado de la Virgen. El retablo es obra
neoclásica de estilo isabelino en madera dorada realizada en 1869. Está
compuesto de 3 calles separadas por columnas y estructurado en banco alto,
cuerpo y remate donde alberga una figura de paloma como símbolo del Espíritu
Santo y dos enormes angelotes a sus lados. El cuerpo central lo preside la
talla gótica de la Andra Mari de Begoña. Se trata de una obra de comienzos del
siglo XIV realizada en madera policromada. La leyenda cuenta de la aparición de
una imagen de la Virgen en una encina en la colina de Artagan, lugar donde se
asienta el santuario. A los lados se acompañan dos tallas del siglo XIX del
Sagrado Corazón de Jesús y de San José con niño.
Elevando la mirada hacia el coro alto, observamos el órgano
que ha acompañado la vida del santuario desde 1884. De estilo romántico fue
construido en París y es obra de A. Cavaillé-Coll, uno de los mejores organeros
de la historia.
A los pies de las escaleras del altar puedes ver la
antiquísima y al mismo tiempo sencilla tumba de los patrones del santuario.
La Pila bautismal de finales del siglo XVIII realizada en
mármol jaspeado de Ereño, semiesférica, gallonada y con pie bulboso, situada
bajo la talla de San Juan Bautista.
En la nave derecha contemplamos los lienzos pertenecientes a
la serie pictórica dedicada a San José
que hemos visto en la primera parte de nuestra visita. En este caso
corresponden a “La huida a Egipto”, “La Sagrada Familia y San Juan niño”,
“Jesús entre los doctores” y “La dormición o muerte de San José”. Entre medio,
podemos ver dos tallas correspondientes a los copatronos de Bizkaia, San
Ignacio de Loyola y San Valentín de Berriotxoa.
El último cuadro que podemos disfrutar es “La Bajada en procesión” que conmemora la bajada procesional de la Virgen a Bilbao con motivo del cólera morbo de 1855. La Virgen siempre presente desde tiempo inmemorial en el día a día de la Villa de Bilbao. Bajo este lienzo se encuentra un impresionante “Cristo crucificado” de gran devoción entre los peregrinos y visitantes del santuario. (Texto de Iglesias de Bizkaia)
1854
Grabado de Pérez VillamilImagen de Iglesias de Bizkaia